
Incontinencia urinaria en mujeres: tipos, causas y tratamientos
Incontinencia urinaria en mujeres: tipos, causas y tratamientos ¿Se te escapa un poco de orina cuando toses, estornudas, corres o haces ejercicio? ¿Alguna vez has
¿Se te escapa un poco de orina cuando toses, estornudas, corres o haces ejercicio? ¿Alguna vez has sentido unas ganas tan repentinas de orinar que no has conseguido llegar a tiempo al baño?
Las pérdidas de orina en mujeres son frecuentes, pero eso no significa que deban asumirse como algo inevitable después de un embarazo, con la llegada de la menopausia o simplemente por cumplir años.
La incontinencia urinaria puede tener diferentes causas y, sobre todo, no todas las pérdidas de orina son iguales. Saber cuándo aparecen y qué las provoca es fundamental para elegir el tratamiento adecuado.
La fisioterapia del suelo pélvico, el entrenamiento vesical, determinados cambios de hábitos, los tratamientos farmacológicos y, en casos seleccionados, la cirugía son algunas de las opciones disponibles.
Lo más importante
Tener pérdidas de orina no debe normalizarse. Identificar qué tipo de incontinencia existe es el primer paso para establecer un tratamiento individualizado.
La incontinencia urinaria es la pérdida involuntaria de orina.
Puede consistir en unas pocas gotas al realizar un esfuerzo o en pérdidas más importantes asociadas a una necesidad repentina e intensa de acudir al baño.
También puede ocurrir solo ocasionalmente o convertirse en un problema que interfiera de forma significativa en el día a día.
Algunas mujeres empiezan a evitar determinadas actividades por miedo a tener un escape: dejan de correr, hacer ejercicio, viajar o incluso reducen sus relaciones sociales.
Por eso, la incontinencia urinaria no es únicamente una cuestión física. Puede afectar también a la autoestima, la sexualidad y la calidad de vida.
Diferenciar el tipo de incontinencia es esencial porque el tratamiento no es el mismo en todos los casos.
Los tres tipos más frecuentes son la incontinencia urinaria de esfuerzo, la de urgencia y la mixta.
Es la pérdida involuntaria de orina que aparece cuando aumenta la presión dentro del abdomen.
Por ejemplo:
Es el típico “se me escapa un poco cuando estornudo”.
Puede estar relacionada con una alteración de los mecanismos que permiten mantener cerrada la uretra y con cambios en las estructuras de soporte del suelo pélvico.
En este caso aparece una necesidad repentina y difícil de posponer de orinar, seguida en ocasiones de una pérdida antes de conseguir llegar al baño.
Algunas mujeres lo describen como:
“Cuando me entran ganas, tengo que ir inmediatamente”.
Puede formar parte del síndrome de vejiga hiperactiva y acompañarse de:
Se produce cuando una misma mujer presenta síntomas de los dos tipos anteriores.
Es decir, existen pérdidas al realizar esfuerzos pero también episodios relacionados con urgencia urinaria.
En estos casos es importante determinar qué síntomas predominan para poder orientar mejor el tratamiento.
La incontinencia urinaria no suele responder a una única causa.
Existen diferentes factores que pueden favorecer su aparición.
Durante el embarazo, el suelo pélvico está sometido a cambios importantes.
El parto vaginal también puede afectar a músculos, tejidos y estructuras nerviosas relacionadas con el control de la continencia.
Esto no significa que todas las mujeres que hayan tenido hijos desarrollen incontinencia, pero el embarazo y determinados factores relacionados con el parto pueden aumentar el riesgo.
Los cambios hormonales asociados a la menopausia afectan también a los tejidos de la vagina y del tracto urinario inferior.
Algunas mujeres pueden presentar síntomas urinarios junto con sequedad, irritación vaginal o molestias durante las relaciones sexuales.
Por eso, cuando la incontinencia aparece durante la menopausia, es importante valorar la salud genitourinaria de manera global y no centrarse únicamente en la vejiga.
El suelo pélvico es un conjunto de músculos y tejidos que participa en el soporte de órganos como la vejiga, el útero y el recto.
Para mantener la continencia no basta simplemente con tener un suelo pélvico “fuerte”.
Es necesario que estos músculos sean capaces de contraerse, relajarse y coordinarse correctamente en el momento adecuado.
Por eso, realizar ejercicios por cuenta propia sin conocer previamente el estado del suelo pélvico no siempre es la mejor estrategia.
Un exceso mantenido de presión sobre las estructuras pélvicas puede favorecer determinados síntomas de incontinencia.
En mujeres con obesidad, la pérdida de peso puede formar parte del abordaje cuando esté indicada.
El estreñimiento crónico y los esfuerzos repetidos para defecar pueden aumentar la presión sobre el suelo pélvico.
Cuidar el tránsito intestinal también forma parte de la salud pélvica.
Una tos mantenida, así como algunas actividades que generan repetidamente grandes aumentos de presión abdominal, pueden contribuir a empeorar los síntomas en mujeres predispuestas.
No deberían considerarse una consecuencia inevitable del envejecimiento.
La incontinencia se vuelve más frecuente con la edad, pero frecuente no significa normal ni significa que no tenga tratamiento.
Este mensaje es especialmente importante porque muchas mujeres tardan años en consultar.
Utilizar un protector o reducir la cantidad de agua que se bebe puede parecer una solución sencilla, pero únicamente ayuda a convivir con el síntoma. No permite conocer ni tratar su causa.
No normalices los escapes
Si has dejado de correr, saltar, reír con tranquilidad o hacer determinadas actividades por miedo a una pérdida de orina, merece la pena realizar una valoración del suelo pélvico.
El diagnóstico comienza por algo tan sencillo como escuchar cómo y cuándo aparecen las pérdidas.
El especialista puede preguntar:
También puede ser útil realizar un diario miccional, anotando durante varios días cuándo se bebe, cuándo se orina, si existe urgencia y cuándo aparecen los escapes.
En determinados casos es recomendable realizar una valoración específica del suelo pélvico.
No se trata simplemente de comprobar si los músculos están “fuertes o débiles”.
Se estudian aspectos como:
Esta valoración permite diseñar un tratamiento mucho más personalizado.
El tratamiento dependerá del tipo de incontinencia, su intensidad, las causas implicadas y las características de cada mujer.
No existe una única solución válida para todas.
El entrenamiento de la musculatura del suelo pélvico es uno de los tratamientos fundamentales de la incontinencia urinaria de esfuerzo y mixta.
Pero no consiste únicamente en “hacer Kegel”.
Un programa supervisado permite comprobar primero que la contracción se realiza correctamente y adaptar los ejercicios a las necesidades de cada mujer.
Las guías clínicas recomiendan programas supervisados de entrenamiento del suelo pélvico de al menos tres meses como tratamiento de primera línea para mujeres con incontinencia de esfuerzo o mixta.
En la incontinencia de urgencia, el entrenamiento de la vejiga puede desempeñar un papel importante.
El objetivo es mejorar progresivamente el control sobre la urgencia y modificar determinados patrones miccionales.
Puede incluir estrategias para espaciar las visitas al baño y aprender técnicas para controlar la sensación repentina de urgencia.
Dependiendo de cada caso, pueden recomendarse cambios como:
Beber muy poca agua para evitar los escapes no suele ser una buena solución. La ingesta de líquidos debe adaptarse a cada persona.
En determinados tipos de incontinencia, especialmente cuando existe vejiga hiperactiva e incontinencia de urgencia, pueden utilizarse medicamentos.
La elección dependerá de los síntomas, los antecedentes médicos y la respuesta a las medidas conservadoras.
Cuando existen síntomas genitourinarios asociados a la menopausia, el especialista puede valorar tratamientos específicos.
En mujeres posmenopáusicas con síntomas de atrofia vulvovaginal, por ejemplo, los estrógenos vaginales pueden formar parte del tratamiento cuando están indicados.
La decisión debe realizarse de forma individualizada.
En algunos casos de incontinencia urinaria de esfuerzo que no mejoran suficientemente con el tratamiento conservador y afectan de manera importante a la calidad de vida, pueden plantearse tratamientos quirúrgicos.
La cirugía no es la primera opción para todas las mujeres.
Antes de indicarla es necesario realizar una valoración adecuada, explicar las diferentes alternativas y valorar conjuntamente beneficios y posibles riesgos.
Esta es una de las dudas más frecuentes.
Los ejercicios de Kegel pueden formar parte del entrenamiento del suelo pélvico, pero no todas las mujeres necesitan realizar exactamente los mismos ejercicios.
Además, algunas personas tienen dificultades para identificar correctamente la musculatura y pueden estar contrayendo otros músculos sin darse cuenta.
Por eso, si existen síntomas, es preferible realizar primero una valoración profesional y aprender la técnica correcta.
Es recomendable solicitar una valoración si:
También debe consultarse si existen otros síntomas como sangre en la orina, dolor, dificultad para vaciar la vejiga o infecciones urinarias recurrentes.
Es frecuente, pero no debe considerarse normal.
Las pérdidas al toser, estornudar, reír o hacer ejercicio son características de la incontinencia urinaria de esfuerzo y pueden mejorar con un tratamiento adecuado.
Durante la menopausia se producen cambios hormonales que afectan a los tejidos genitourinarios, pero la incontinencia es multifactorial.
Por eso es importante valorar otros factores y determinar qué tipo de incontinencia existe antes de decidir el tratamiento.
En algunas mujeres con incontinencia de esfuerzo o mixta, un programa supervisado de entrenamiento del suelo pélvico puede mejorar significativamente los síntomas y constituye el tratamiento inicial recomendado.
La respuesta depende de cada caso y algunas pacientes pueden necesitar otras opciones.
No.
Reducir excesivamente los líquidos puede producir otros problemas y no trata la causa de la incontinencia.
La hidratación debe individualizarse y, si existe vejiga hiperactiva, puede ser útil revisar tanto la cantidad como el tipo y la distribución de las bebidas a lo largo del día.
Sí.
La edad o la menopausia no son motivos para resignarse a convivir con los escapes.
Existen diferentes tratamientos y la elección dependerá del tipo de incontinencia, de los síntomas asociados y de las características de cada mujer.
Muchas mujeres modifican su vida durante años antes de pedir ayuda.
Van al baño “por si acaso”, utilizan protectores a diario, dejan de correr o saben exactamente dónde están todos los baños cuando salen de casa.
No tiene por qué ser así.
La incontinencia urinaria puede estudiarse y tratarse.
El primer paso es identificar qué tipo de pérdida existe y realizar una valoración individualizada del suelo pélvico y de los factores que pueden estar contribuyendo al problema.
En Clínica Palacios abordamos la incontinencia urinaria desde una perspectiva integral, estudiando tanto los síntomas urinarios como el estado del suelo pélvico y las circunstancias de cada paciente.
Si tienes escapes al toser, hacer deporte o reír, o notas una urgencia que te impide llegar a tiempo al baño, no necesitas esperar a que el problema empeore.
Solicita una valoración con nuestro equipo para conocer la causa y encontrar el tratamiento más adecuado para ti.

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